Nombre: “Y así permanecerá”

Técnica: Serie Fotográfica (3)

Materiales: Seda, insectos, alfileres, 3 frascos de conserva (vidrio).

Dimensiones:Variables

Año: 2017

 

 

En la relación de lo bello y lo siniestro se teje un fino hilo entre el bien y el mal, la contemplación y lo perverso, lo vivo y lo muerto. Aparece un lugar donde nacen las fobias, los sueños, aquellos lugares donde no es fácil indagar, donde nuestra existencia se pone en cuestión y el leve olor a muerte que se percibe en cada pieza se cuela en el cuerpo. Es justamente en este dialogo donde se desenvuelve mi obra. Conceptualmente lo ominoso es un término que aparece una y otra vez hilando los cuerpos muertos de pequeños insectos domésticos, materiales que aún mutan y evolucionan, algodones, sedas, hilos, polillas, plumas. Un cúmulo de objetos que honran la muerte como parte de la vida, y de la vida como parte de la muerte. La contemplación de la misma como un recurso humano para subsistirla.

Esta obra se constituye de tres pequeños vestidos, confeccionados a mano con seda tratada con fuego, tinción y natural. Cada uno de ellos habitados por insectos grandes y pequeños. Cuerpos que se ven atravesados por pequeños alfileres que remiten al insectario, pero que a su vez son el esqueleto que sostiene y constituye el vestido. Cada uno de los tres vestidos de la serie se ven contenidos por jarros de vidrio. En este encierro aparece la calma, el control. Aquello que miramos esta protegido, y por ende nos protege a nosotros mismos de su contenido. Es también en este control, en esta permanencia de lo que el contenedor de vidrio aloja, donde nace un cierto anhelo, una cierta paz. Lo que esta dentro de un espacio vidriado en definitiva está siendo cuidado de su deterioro, de su mutación, de su desaparición.

Estos cuerpos muertos de insectos cubren a la vez otro cuerpo. Uno humano. Uno mas pequeño. Desde la sutileza aparece un cuerpo femenino, frágil, delicado y ligero. Y su vestido, o su segunda piel, con su misma sutileza aparece de la seda, comparte la sensación de un cuerpo suave, de una caída orgánica y viva. Desde este espacio los insectos son monstruosos, Kafkianos, violentos.

Benditos los temores conjeturados, que nos aparecen en el abanico de posibilidades, para ser socorridos por la realidad. Se apaciguan los miedos, se suturan los temores, se ahogan las riesgos de que lo siniestro nos toque.

In the relationship of the beautiful and the sinister, a fine thread is woven between good and evil, contemplation and the perverse, the living and the dead. A place appears where phobias are born, dreams, those places where it is not easy to investigate, where our existence is called into question and the slight smell of death that is perceived in each piece sneaks into the body. It is precisely in this dialogue where my work unfolds. Conceptually the ominous is a term that appears again and again spinning the dead bodies of small domestic insects, materials that still mutate and evolve, cottons, silks, threads, moths, feathers. A cluster of objects that honor death as part of life, and of life as part of death. The contemplation of it as a human resource to survive it. This work consists of three small dresses, made by hand with silk treated with fire, staining and natural. Each of them inhabited by large and small insects. Bodies that are crossed by small pins that refer to the insectarium, but which in turn are the skeleton that supports and constitutes the dress. Each of the three dresses in the series are contained by glass jugs. In this confinement the calm appears, the control. What we look at is protected, and therefore protects ourselves from its content. It is also in this control, in this permanence of what the glass container houses, where a certain longing is born, a certain peace. What is inside a glazed space is definitely being careful of its deterioration, its mutation, its disappearance.  These dead bodies of insects cover another body at the same time. One human. Smaller one. From the subtlety a feminine body appears, fragile, delicate and light. And her dress, or her second skin, with the same subtlety appears of silk, shares the sensation of a soft body, an organic and lively fall. From this space the insects are monstrous, Kafkians, violent. Blessed are the conjectured fears, which appear in the range of possibilities, to be helped by reality. The fears are quenched, the fears are sutured, the risks of the sinister touching us drown.

sepulveda.moya.monica@gmail.com      Tel: +56 982795165

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