Técnica: Bordado

Materiales: Tela, hilos, fotografía, circuito eléctrico.

Dimensiones: 1 x 2,30mts

Año: 2017

El tiempo como eterno recordatorio de la muerte, del cambio, del proceso. Cronos apurando el camino. A diario caminamos sin mirar, avanzamos, siempre llegando tarde, siempre con más que hacer, subiendo, bajando, corriendo, abandonados a la velocidad de estos tiempos. Desde este lugar la contemplación, la posibilidad de un asir de la realidad, un desconectar los supuestos para mirar el mundo tal y cual se presenta ante nosotros, nos es imposible. 

Memoria selectiva aparece desafiante a este Cronos, dejando perder el tiempo entre las puntadas que lo forman, Vuelve a reconocer el tiempo en la creación, a tomar la contemplación como parte crucial de la obra, la demora en el trabajo minucioso y frágil de los hilos que van conformando la imagen.

Mónica Sepúlveda va al encuentro de la imagen, en un cerro, desde el supuesto entorno natural imponente, extenso y verde, que mantiene algo de salvaje y silvestre. El constructo armado y estereotipado, el paraje virgen, puro. Lo que, en cambio, encuentra, allí es la belleza de la naturaleza mezclada de una forma violenta con la basura, que no tiene sitio; cemento, muebles rotos, esponjas, bolsas de basura, plásticos de variados orígenes, colores y texturas. El paisaje se convierte, por sí solo, en un tejido de aquello desechado, plástico y sucio con la naturaleza aun salvaje que existe en el cerro. Todo se mezcla, con lo verde. Allí, donde descansa el plástico, tranquilo sobre el pasto tierno, muere la semilla que ha estado por siempre bajo la tierra y que se activa en esta época del año, para florecer por un corto período de tiempo.

Esta basura, no sólo se ve en el paisaje, sino que lo modifica gracias a su presencia. Los animales que circundan el lugar ya han tomado más de un objeto como comida, la semilla ahogada bajo una bolsa plástica, nidos que alojan nueva vida forrados en mallas platicas, bolsas sucias y telas desechadas. Es imposible describir la cadena siniestra que resulta de esta realidad.

La artista decide así tomar esta tela de 19 metros y realizar una acción performática, y un registro bordado de la misma. La acción de instalar y marcar temporalmente un lugar geográfico, unen la acción de intervenir por unos minutos el paisaje, para luego hacer un traslado de la fotografía a los hilos de bordar. En 2 metros y medio se ve la tela extendida con un bordado de 30 x 10cm inserto en ella, en las zonas de desgaste ha bordado con hilo dorado, como enmendando su antigua estructura, esta la primera intervención de muchas que irán extendiéndose sobre los 19 metros totalmente extendidos. 

Lentamente como la basura ha aparecido, tomándose el paraje, los hilos de la artista irán tomándose la tela, armándose un camino, desafiantes a Cronos, registro del tiempo, del espacio y de ceguera que nos ha tomado.

 

Samantha Cotton Iribarren

Curadora 

Time as an eternal reminder of death, of change, of the process. Cronos hurrying the road. Every day we walk without looking, we move forward, always being late, always with more to do, going up, down, running, abandoned at the speed of these times. From this place, contemplation, the possibility of grasping reality, disconnecting the assumptions to look at the world as it appears before us, is impossible. Selective memory appears challenging to this Chronos, wasting time between the stitches that make it up, He recognizes time in creation again, to take contemplation as a crucial part of the work, the delay in the thorough and fragile work of the threads that are shaping the image Mónica Sepúlveda goes to meet the image, on a hill, from the supposed imposing natural environment, extensive and green, which maintains some wild and wild. The armed and stereotyped construct, the virgin, pure place. What, however, finds, there is the beauty of nature mixed in a violent way with garbage, which has no place; cement, broken furniture, sponges, garbage bags, plastics of various origins, colors and textures. The landscape becomes, by itself, a fabric of that discarded, plastic and dirty with the still wild nature that exists on the hill. Everything mixes with the green. There, where the plastic rests, calm on the soft grass, the seed that has been forever under the earth and that is activated at this time of the year dies, to bloom for a short period of time.

This garbage is not only seen in the landscape, but it is modified thanks to its presence. The animals that surround the place have already taken more than one object as food, the seed drowned under a plastic bag, nests that house new life lined in plastic meshes, dirty bags and discarded fabrics. It is impossible to describe the sinister chain that results from this reality. The artist thus decides to take this 19-meter cloth and perform a performance, and an embroidered record of it. The action of temporarily installing and marking a geographical place, unites the action of intervening for a few minutes in the landscape, and then transferring the photograph to the embroidery threads. In 2 and a half meters you can see the extended fabric with a 30 x 10 cm embroidery inserted in it, in the wear areas it has been embroidered with golden thread, as amending its old structure, this is the first intervention of many that will be extended over 19 fully extended meters. Slowly as the garbage has appeared, taking the place, the threads of the artist will take the cloth, putting together a path, challenging Cronos, record of time, space and blindness that has taken us.

Samantha Cotton Iribarren

Curadora 

sepulveda.moya.monica@gmail.com      Tel: +56 982795165

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